jueves, julio 16

Mi voto por los Kirchner es principista

Pero si bien el cesarismo expresa siempre la solución "arbitraria", confiada a una gran personalidad, de una situación histórico-política caracterizada por un equilibrio de fuerzas de perspectiva catastrófica, no siempre tiene el mismo significado histórico. Puede existir un cesarismo progresista y uno regresivo; y el significado exacto de cada forma de cesarismo puede ser reconstruido en última instancia por medio de la historia concreta y no a través de un esquema sociológico.
Antonio Gramsci



Me escribió en facebook, allá por el 30 de junio, una ex compañera de cátedra, buena chica ella, radical: vos estas triste con el resultado electoral, ¿no se puede estar contento? Porque yo si lo estoy y mucho ¿no se trata de eso la democracia? -ganar y/o perder y aceptarlo-.
Podría esgrimir, para comenzar la respuesta, la larga historia de los radicales de no aceptar los resultados electorales, pero no es de buena leche ni apropiado. Va a aclarar mucho más hablar de principios. Voy a tratar de responder, y propiciar el debate, a mí ex compañera y a otros muchos que están felices con el resultado electoral.
La felicidad frente al resultado es legítima si analizamos los principios que representan y encarnan los triunfadores. Depende de los principios porque hay pocos, no de los hombres porque hay muchos. Si los principios inspiradores de la acción de muchos de los ganadores son antipopulares, es decir alejan la posibilidad de políticas de integración, obviamente no se debería estar contento.
Analicemos tres principios esgrimidos por los ganadores de esta elección que sirven como palmario ejemplo de lo que sostengo:
a) "No quiero que el estado me devuelva, sino que no me saque" De Angeli y los productores “autoconvocados” en las rutas; Nestor Roulet, vice de CRA “basta de intervenir en el mercado agropecuario, ese es el claro mensaje de las urnas para los Kirchner “. No hace falta ser un politólogo para verificar que en estos dos ganadores electorales el principio inspirador es ultraliberal y negador del Estado. Roulet y De Angeli son dos verdaderos exponentes del neoliberalismo, a no olvidarlo.
b) "Basta de persecución a las FFAA por lo que ocurrió en el pasado, ahora ya es tiempo de una reconciliación nacional". Carrió, Morales, Bergoglio y Michetti, todos ellos han coincidido. Dos semanas antes de las elecciones en un seminario en la UCA se exigió que el gobierno “deje el revanchismo” y “dé lugar al olvido y al perdón”. No estoy de acuerdo para nada, este principio que exige reconciliación sin justicia, es fascista. En definitiva la iglesia y buena parte de la oposición en este punto están más cerca de la Pando que de la posición del gobierno, y no llama la atención.
Mi principio y creo que el de muchos más, sobre las violaciones a los derechos humanos en los 70, es: yo no me reconcilio, no perdono, no olvido, cárcel a los genocidas. Aquí también se puede ver con claridad que no importan las personas, importan los principios inspiradores de su discurso y acción.
c) "No a la estatización o nacionalización de empresas, si al libre desempeño sin interferencias del mercado" Carrió, Prat Gay, Macri y Bussi (sobre él recordemos que dijo”los controles de precios siempre fallaron”) están en plena sintonía con esta afirmación y lo ratificaron exageradamente cuando Chávez nacionalizó una empresa de Techint. Somos muchos los que nos oponemos a esta concepción por eso hemos apoyado, por ejemplo, a las empresas recuperadas. Contrariamente a la doctrina del “libre mercado” pensamos que el estado tiene que intervenir en la economía y debe tener sectores estratégicos en sus manos, si es posible, monopólicamente. También debe realizar todos los controles de precios que sean necesarios; más estado y menos mercado es nuestro principio, por eso no es una casualidad la demonización de Moreno que ha sido el encargado de “interferir en el libre juego de la oferta y la demanda”.
Creo (creemos) que el liberalismo es perverso e injusto y debe ser desterrado como ideología de organización; lamentablemente 10 años de menemismo terminaron por generar millones de liberales prácticos, los más difíciles de convencer o cambiar, fanáticos del “deme dos” que recuerdan y añoran sus vacaciones en Cancún o en otro destino más exótico.

Parado sobre estos tres sencillos, pero claros, principios mi respuesta es: si odiás a los Kirchner por motivos personales (soberbia, la cartera de Cristina, propiedades en El Calafate, odio personal a Hebe, asco a los montoneros, etc.) podés estar feliz por su derrota y salir todas las veces que quieras con tu cacerola. Pero si discutimos principios, es decir ideología, sólo se entiende la felicidad de alguien si es liberal en lo económico (más mercado, menos estado) y de derecha en lo político (represión más autoritarismo), eso que quede bien claro ¡

Para ser justo, un párrafo aparte merece otro grupo de felices votantes, los de Pino, Sabatella, más algunos de Binner y del humorista cordobés Luis Juez . Buena parte de ellos, no todos, podrían estar de acuerdo con los principios aquí enunciados y asumen una crítica del gobierno desde la izquierda, sostienen, lo que se ha hecho no ha sido suficiente. Algunos estarán doblemente felices entonces: por la buena elección de su candidato y por la derrota de los Kirchner que para estos ciudadanos, con diferentes argumentos, no son progresistas sino más (o peor) de lo mismo, un verdadero dúo de estafadores con discurso “progre”.
Lo único que puedo señalar en esta corta respuesta es que disiento respecto de una valoración tan crítica y descontextuada sobre los Kirchner. Respeto la genuina alegría de muchos compañeros y ojalá Solanas, Lozano y De Genaro se conviertan en una alternativa progresista de poder en 2011, porque todo lo que se vislumbra es, una vez más, neoliberalismo.

martes, julio 14

Constitución y violencia: ¿una y la misma cosa?

Docente: Nicolás Enrique Puente

Duración: 8 clases

Día y horario: Martes de 21 A 23


Constitución y violencia: ¿una y la misma cosa?



La constitución es vista desde el liberalismo político como una contención al despliegue potencial del poder del Estado y de los ciudadanos o asociaciones poderosas. Promete asegurar igualdad, libertad, paz y libre comercio. El Estado por medio de ella debería contener y contenerse.

No obstante también sabemos, por citar sólo dos autores -tan distintos como Gramsci y Hobbes-, que el Estado no tiene, ni puede tener, límites jurídicos. Está en su ser lo desmedido, la tendencia al despliegue total de sus posibilidades, es el Leviatán, “el rey de los soberbios”. Podríamos lícitamente afirmar que tal inclinación es la que ha sido combatida por los diversos parlamentos del mundo en la medida en que diferentes poderes ejecutivos han avanzado sobre el terreno legislativo, ya no sólo por medio de los decretos de necesidad y urgencia.

La presente crisis mundial y los ingentes esfuerzos estatales para evitar su profundización reviven la actualidad del debate. El mercado y la sociedad necesitan “nuevamente” del Estado y los tiempos del parlamento son inadecuados para una crisis que necesita de respuestas urgentes.

Una de las formas en que podemos situar filosóficamente la polémica es preguntándonos por el lugar de la necesidad en la creación del derecho. Para todo una corriente de filosofía del derecho lo fáctico es la fundamentación principal en la a-parición de lo excepcional, pero, ¿cumple también un rol en la normalidad? Este debate tiene un largo recorrido y un profuso desarrollo en la teoría política y del derecho de los siglos XIX y XX; podríamos ir incluso, más atrás, y encontrarlo también en los orígenes del Estado Moderno.

La oposición de la que damos cuenta se ha desplegado en múltiples formas; así planteadas las cosas, el parlamento, para el liberalismo y el neo-republicanismo, sería la representación de la sociedad, y el Estado de la política.



De un lado, sostienen los liberales, el intercambio solidario de ideas y de bienes, del otro, la supuesta acción violenta de una camarilla que busca imponer sus valores e intereses, o mejor, sus intereses como valores. Carl Schmitt se ha pronunciado suficientemente sobre este tema y vale la pena reflotar sus definiciones para encuadrar la actualidad de la polémica.

Frente al reclamo de nuevos y justos órdenes legales las respuestas han sido históricamente variadas: por un lado la reforma, respuesta moderada y previsible. Por otro, la revolución, respuesta violenta e imprevisible, fundamentada en la “necesidad” y en lo “excepcional”.

Algunos de los autores que proponemos para la realización del curso parten de módulos distintos pero tienen un punto de llegada en común: constitución y violencia plantearían menos una disrupción que una continuidad. La política constituye lo social y esta modelización se realiza con las herramientas del artesano, es una fabricación; no con las del profeta o del orador que pacíficamente convencen. El consenso no sería entonces lo opuesto a la coerción sino que ambos elementos serían constitutivos del orden político, reservándose y fundamentándose el Estado, en última instancia, en la apelación a la violencia.


1ª reunión: Presentación. Constitución y Violencia. ¿Límites a la voluntad del legislador o plena potencia? Posición de los contractualistas. La solución propuesta por la teoría del derecho natural, W. Luypen.

2ª reunión: El Estado para Hegel. Estado y Sociedad Civil en oposición. La realidad de la idea ética frente a la violenta lucha entre los intereses particulares.
El pensamiento liberal: la alabanza del mercado y su desconfianza crítica hacia el Estado, Milton y Rose Friedman.

3ª reunión: Estado y autoridad: El concepto de autoridad, la tipología de Alexandre Kojeve: la autoridad del padre, la autoridad del juez y la autoridad del amo. ¿Es posible la política sin autoridad? Constitución y Autoridad. Segundo Linares Quintana: los diferentes conceptos de constitución.

4ª reunión: La violencia y el lugar de la religión. Thomas Hobbes y la religión como un recurso de la política, Behemot. Para una crítica de la violencia, Walter Benjamin. La violencia divina.

5ª reunión: El concepto de lo político, Carl Schmitt. Crítica del liberalismo. Los fenómenos revolucionarios, Jean Baechler. La teoría pura del derecho y el lugar de la norma fundamental, Hans Kelsen.


6ª reunión: La clase social en su sentido más político, Marx y el prólogo a la filosofía del derecho de Hegel. Catolicismo y Forma política, Carl Schmitt. La “idea”, opuesta a la visión tecnocrática, como fundamento de lo político.

7ª reunión: Gramsci: Estado y sociedad como partes casi inescindibles dentro del bloque histórico. Política y Constitución. Necesidad y Derecho en tanto complementarios. Santi Romano, ¿cuál es fundamento del orden jurídico?

8ª reunión: El estado de excepción permanente, Giorgio Agamben. Metamorfosis de la representación. Bernard Manin. La nueva configuración de la representación en tanto “democracia de lo público”. El enfrentamiento entre parlamento y ejecutivo.

Bibliografía:

Agamben Giorgio: Estado de excepción, Capítulo 1

Baechler Jean: Los fenómenos revolucionarios. Prefacio y Capítulo 2

Benjamín Walter: Para una crítica de la violencia

Bento Antonio: Forma de ley, mesianismo y estado de excepción

Friedman Milton y Rose: Libertad de elegir: Prólogo y Capítulo 1

Gramsci Antonio: Selección de textos

Hegel George Wilhelm Friedrich: Filosofía del derecho (Sección tercera) y selección de textos

Hobbes Thomas: Behemoth, Diálogo 1

Kelsen Hans: Teoría pura del derecho

Kòjeve Alexandre: La noción de autoridad

Linares Quintana Segundo: Selección de textos

Luypen Wilhelm: Fenomenología del derecho natural, Capítulo 3

Manin Bernard: “Metamorfosis de la representación”

Marx Karl: Prólogo a la filosofía del derecho de Hegel

Romano Santi: Selección de textos

Schmitt Carl: “Catolicismo y forma política” y “ El concepto de lo político”

martes, marzo 31

El menemismo: neoliberalismo con apoyo popular



Son rarísimos los patrones que se dan cuenta de que el rendimiento del trabajo es directamente proporcional a la inteligencia, al bienestar y a la alegría, sobre todo del obrero que lo ejecuta y no al tiempo que dura la jornada, cuando esta pasa de su límite racional; y mucho menos los que alcanzan a comprender que manteniendo a sus obreros en la miseria , lo mantienen en la tendencia al vicio y al delito, que ellos pagan en último término.
Juan Bialet Massé


La sociedad contra el Estado

El capitalista extranjero no ha mirado al país sino como campo de explotación pasajera y usuraria; ha entregado las gestiones a personas que no miran sino el alto dividendo.
Juan Bialet Massé

Durante la década de los noventa en Argentina, el Estado y la sociedad cambiaron sustancialmente. El menemismo llevó adelante un programa político que destruyó certezas tradicionales respecto de qué era lo político y de cómo se lo construía. Pero la tarea no se limitó a una pura negación del modelo anterior sino que también se erigió una nueva forma de efectivizar las mediaciones entre la sociedad y el Estado, cambiando ellos también como resultado de lo operado[1]. Poco a poco se fue edificando una certeza política: el Estado tiene poco para ofrecer. Se lo convirtió en el centro de las críticas, nada de lo que se hiciera a través de él estaba bien, era, en sí y para sí, ineficiente. Todo lo que provenía de la sociedad civil (incluimos aquí también al mercado) era bueno y promocionable, todo lo que encaraba el Estado era defectuoso y entonces, criticable.
Sin embargo la certeza de que el Estado era ineficiente y por tanto, inútil, tuvo distintas repercusiones sociales. Esta convicción fue mucho menos potente en los sectores populares, tradicionales beneficiarios de la acción estatal, que para el sector empresarial y la clase media, ideológicamente convencidos de las bondades de la llamada “convertibilidad”. De lo anterior podemos deducir un punto central para el desarrollo de nuestro trabajo, el Menemismo no fue solamente negocios y/o corrupción, se trató de un proyecto político que llegó a alcanzar una victoria ideológica completa [2]. Su éxito discursivo central estribó en convencer a buena parte de la sociedad Argentina de uno de los dogmas primordiales del liberalismo teórico: lo social sólo precisa marginalmente de lo político. En términos dogmáticos, y por lo tanto de fácil comprensión para el ciudadano, se derivó una sentencia como la siguiente, “el Estado debe acompañar lo que el mercado decide”, nunca contradecirlo, mucho menos intentar controlarlo o introducir en él acciones tendientes a la justicia redistributiva.
No solamente la legitimidad general obtenida por la convertibilidad indica la victoria ideológica del menemismo: la favorable recepción de la población a la privatización de las empresas públicas, la aceptación gustosa y acrítica de libre disponibilidad de bienes internacionales, el beneplácito de la clase media por la facilidad para realizar viajes al exterior, conformaron, junto con otros elementos, un fenómeno llamado pomposamente por el menemismo “reinserción de Argentina en el mundo” que cosechó no pocos adeptos y que fue uno de los pilares de este movimiento político. Oponerse a esa forma de ingresar en la globalización parecía una actitud medieval, la Argentina festejaba ostentosamente su “reingreso” al mundo y el precio que pagaba era el desmantelamiento del Estado y “un poco” de desocupación.
Las nuevas certezas contaron con un enorme apoyo en los medios de comunicación que se alinearon incondicionalmente con las propuestas privatizadoras e internacionalistas.
El país creyó en el programa neoliberal, en la “magia” del libre mercado, los llamados “gurúes” económicos eran mucho más escuchados que los políticos, los sindicalistas o los sacerdotes. Si bien Menem era un tanto bizarro y existían sospechas de corrupción sobre él, la figura de su socio principal, Cavallo, tomó para muchos economistas neoliberales ribetes épicos: supuestamente honesto, eficiente y valiente, algo así como un héroe que venía a emprenderla contra la “vieja Argentina del fracaso”.
Se formó un gran consenso alrededor de las ideas neoliberales, había una lista de verdades autoevidentes, la única discusión era, ajuste con corrupción (el menemismo) o ajuste sin corrupción (los opositores). El país quería hacer buenos negocios, tener mejores servicios y Menem lo hacía posible. Desde los centros de producción ideológica se pedía cada vez menos Estado, que nada entorpeciera las libres iniciativas de los particulares, nadie quería ser subsumido por una estatalidad considerada caduca. El consenso se hizo más profundo y, en los años de éxito, no es exagerado sostener que el acuerdo viró hacia la idea de Estado ultra-mínimo .
La oposición antimodelo era casi inexistente, por lo menos electoralmente, ya que ¿quién se podría oponer al ingreso de Argentina al “primer mundo”?. La izquierda clásica tuvo que replegarse, factores como la caída del Muro de Berlín y el “éxito” de las ideas neoliberales hicieron sumamente difícil la recepción de las ideas socialistas en la población, socialismo era estatismo, y como señalamos ya nadie quería Estado. No es de extrañar que en este contexto la oposición clásica y los moderados de izquierda hicieran campaña a partir de la idea de corrupción del gobierno pero declarando solemnemente que respetarían la convertibilidad, el modelo.
En los últimos años de Menem apareció, poco a poco, una nueva oposición encarnada en los llamados “piqueteros”[3]. El modelo tenía perdedores y muchas ciudades del interior del país habían sido notablemente afectadas en la medida en que las empresas del Estado que allí se afincaban, ahora privatizadas, habían despedido gran cantidad de personal o directamente cerrado la planta.
En la izquierda tradicional se produjeron movimientos internos críticos de las prácticas tradicionales. El resultado parcial fue un aumento de la fragmentación producto de la desconfianza de la militancia a todo tipo de centralismo autoritario y de una crítica persistente al accionar político tradicional, direccionado más hacia la captación de militantes que hacia el trabajo social. Si para la izquierda clásica la consigna era, simplificando, “cuanto peor, mejor”, ahora había toda una generación dispuesta y convencida a realizar una práctica que diez años antes hubiera sido definida como puramente asistencialista.
Aparecieron también novedosas experiencias participativas, más cercanas a lo cultural-social y a la ayuda comunitaria que a la concepción de la vanguardia revolucionaria. Los unía una concepción anclada en el territorialismo –mi barrio es el mundo- y en la unidad de las experiencias de ayuda social –unidad de los que “hacen”- , estas proclamas distanciaban aún más a estos grupos solidarios de las prácticas políticas clásicas. Los conceptos claves comunes a esta multiplicidad de agrupaciones son autonomía y horizontalidad, en su práctica diaria promueven y defienden una independencia amplia de todo centro de poder, mucho más del Estado, hablamos en profundidad de la nueva política en general en el capítulo 7.
El cambio político operado por todas estas nuevas agrupaciones se reflejó básicamente en una reagrupación de lo social. Las tradicionales organizaciones obreras como los sindicatos nada tenían que hacer allí, pues ¿Cómo habría de insertarse un desocupado en un sindicato? La desocupación estructural promovida desde el poder político, lo repetimos -no fue una consecuencia no deseada del modelo sino que fue fomentada por las políticas públicas- creó una nueva clase social sumergida y por lo tanto una nueva marginalidad. Nos debería impresionar profundamente saber que existen hoy hijos de “chicos de la calle” que, condenados estructuralmente, repiten la historia desafortunada de sus padres.
El liberalismo imperante políticamente en los 90 en el mundo y en nuestro país cambió la sociedad en un sentido absolutamente negativo ya que profundizó las diferencias sociales hasta el punto de destruir la mejor obra del primer peronismo: una sociedad solidaria en donde no existía explotación y el acceso a la educación, la salud y el trabajo era una realidad para todos los argentinos.

Política y sociedad: una relación de mutua conformación

Cuando utilizamos el término “sociedad” parece que estuviéramos hablando de un hecho acabado y fijo, estático, nos referimos a ella a partir de una idea de continuidad, casi como si fuera un objeto material. Sin embargo todos sabemos que se trata en verdad de una realidad en permanente cambio, de una relación constante de construcción y reconstrucción en donde distintos actores sociales toman posiciones y realizan acciones en atención a las conductas de otros actores sociales. Lo político constituye lo social pero también la sociedad modifica lo político; es a partir de estas mutuas influencias que la dirigencia política tiene una doble responsabilidad en tanto receptora de las aspiraciones sociales pero también con la irrenunciable tarea de orientar conductas grupales. Ni el dirigismo absoluto ni el ejercicio del gobierno mediante encuestas son la forma en que la política se reconciliará con la gente. Sospechamos que la promoción del ejercicio del gobierno mediante encuestas revela una apenas disimulada desconfianza crítica sobre el lugar que debe ocupar la política. “Hay que hacer lo que quiere la gente” parecen decirnos estos nuevos “societalistas”, olvidan a sabiendas que de esa manera la política se torna impotente, reproducir legislativamente el pensamiento imperante es además de sumamente conservador, peligroso porque, sobran los ejemplos, la mayoría a veces se equivoca.
Estado y sociedad deben estar dinámicamente en mutua conformación, la imposición de uno de ellos por sobre el otro no puede tener más que consecuencias ruinosas. Sin embargo en la teoría liberal el rol del Estado se reduce a un mero ratificador de lo que ocurre en el mercado. Lo privado es, de suyo, superior a lo estatal. El liberalismo presupone una contradicción de intereses entre la sociedad y el Estado
Pretendemos poner los elementos de la polémica en su justo punto. Durante los años del menemismo se transformó en un procedimiento habitual algo que podríamos llamar “el consenso permanente sobre la necesidad de ajuste”. Efectivamente ante cada nueva reforma laboral, que supuestamente iba a redundar en una mayor contratación de trabajadores eliminando los costos innecesarios, las asociaciones empresarias festejaban el realismo del gobierno, su impenetrabilidad al “populismo”, que, sostenían, era el causante de la decadencia argentina. Ya debatiremos el contenido de este término, populismo, porque nos parece importante defender una gestión estatal enfocada clara y unívocamente en la mejora en la calidad de vida de los sectores populares. Si esto último es populismo, entonces, somos populistas.
Desde los sectores empresariales se alentaba al tandem Menem-Cavallo porque “valientemente” desoía a los afectados por las reformas estructurales y mostraba su inagotable voluntad de cambio privatizando y destruyendo derechos laborales. Cada respuesta autoritaria de Menem era festejada por los mercados y las acciones bursátiles subían en forma notable, sólo para ilustrar recordemos dos: “ramal que para, ramal que cierra” y “me pueden hacer una, dos, mil marchas que yo voy a hacer lo que quiero”. Este vulgar autoritarismo era exaltadamente aprobado por los poderosos. Pero, y esto es lo interesante, la conformidad con esta forma de concebir lo político no hubiera llegado a ser una legitimidad de ejercicio sin la conformidad de los sectores medios y bajos.
Debemos decirlo, no sólo los poderosos aprobaban los ajustes, se llegó a un consenso general sobre la necesidad del achicamiento del Estado y sobre lo apropiado que era destruir derechos laborales existentes para mejorar las posibilidades de contratación. Creemos que la camarilla gobernante llegó a conseguir una importante legitimidad a partir de que la clase media adhirió a su discurso, en esto reside la victoria ideológica del menemismo. Se conformó una nueva hegemonía que logró la adscripción de sectores sociales medios y bajos a postulados teóricos que favorecían únicamente a los sectores poderosos de la sociedad.
Paradójicamente los sectores populares aparecieron apoyando políticas “no populares” (o como señalábamos más atrás, “no populistas”, esto se transformó en verdad de sentido común en los 90). Como si imagináramos una situación hipotética pero posible, en donde un trabajador despedido de la vieja ENTEL al recibir el telegrama, hubiera pensado: “la verdad es que está bien, yo no era un trabajador productivo y, seguramente en el mercado, encontraré un trabajo mejor”, creemos que algo de esto pudo haber pasado.

¿Qué es el “populismo”?

Ya hemos hablado bastante del liberalismo, es tiempo que dejemos a unos de los liberales argentinos de mayor prestigio teórico, Alberto Benegas Lynch (h.), que nos ilustre sobre sus ideas: “No es una exageración decir que solamente un irresponsable puede ser “demócrata”[4] si acepta aquella concepción desviada de la democracia, rechazando cualquier intento de hacer respetar los principios democráticos. Tampoco es una exageración afirmar que Occidente no tiene salvación si persistimos en avalar un sistema que consiste en alentar una carrera desenfrenada para ver quién promete más desatinos para así ganar una elección”[5]. Este artículo de 1976 nos sirve para pensar críticamente junto al liberalismo y poner en claro que es el tan mentado “populismo”.
Parece claro que Benegas Lynch “sabe” de democracia. Tanto de la verdadera democracia como de la versión desviada, la que no debe ser. En sus términos parece muy peligrosa esta falsa democracia que “promete desatinos” porque puede echar a perder a occidente. ¿Por qué es “desviada”? Porque se ocupa de ganar votos prometiendo “desatinos”; podemos suponer que aspiraciones humanas legítimas, como la justicia social o el bien común, se encuentran entre los supuestos desatinos[6]. Tratemos de olvidar por un momento estas consideraciones antidemocráticas -porque queda claro que los liberales son democráticos sólo si se lleva adelante un programa liberal-, lo que explicaría la recurrente relación en Latinoamérica entre autoritarismo y liberalismo. Dejemos esto de lado, lo importante es que queda planteado por Benegas Lynch el punto central de oposición, evidente, entre el liberalismo como teoría de organización de lo social y los gobiernos surgidos mediante el voto popular.
El Estado, a partir de la instauración del voto universal, vive del consenso. Es una maquinaria cuyo combustible son los votos, ¿cómo lograr una legitimidad amplia, si los sectores más numerosos de la población permanecen ajenos al acceso a bienes? Como hemos visto en Venegas Lynch el liberalismo teórico plantea la existencia de una contradicción apenas evitable, sólo si están los liberales en el gobierno, entre política y economía. La política de los otros partidos estaría siempre dispuesta, según esta visión, a tomar recursos genuinos del mercado para redistribuirlos políticamente; a esta reasignación la teoría liberal le llama “populismo”.
El credo liberal afirma que se les cobra injustos impuestos a los que, buscando el lucro personal, por ejemplo instalando una fábrica, logran virtudes públicas, crean puestos de trabajo. Si el Estado “esquilma” mediante impuestos a estos involuntarios benefactores sociales, desalienta la inversión, los puestos de trabajo no se crean y la sociedad empobrece. Si en cambio el Estado deja que las ganancias de los particulares aumenten libremente otros individuos o corporaciones siguen el ejemplo e instalarán más empresas que a su vez significan muchos más puestos de trabajo y aumento de la riqueza disponible. Este breve relato es lo que los liberales llaman el “círculo virtuoso”.
El papel del Estado es simplemente negativo, consiste en no hacer o, lo que es lo mismo, en dejar hacer. Vicios privados transformados en virtudes públicas. Se omite olímpicamente el papel del Estado en este relato, desde la seguridad, la infraestructura, o la energía necesaria para la producción, todo ello queda de lado en la versión liberal, ni hablar de los derechos de los trabajadores.
No deben caber dudas respecto a que el liberalismo percibe al Estado como un costo insoportable, tanto es así que en nuestro país la clase dirigente de fínales del siglo XIX prefería pedir empréstitos a pagar impuestos por los gastos de funcionamiento de “su” Estado. La versión liberal de la historia de los últimos dos siglos confirma que para ellos la actividad política, desde la mitad del siglo XIX en adelante, empezó a “afectar” el libre juego de la oferta y la demanda, interviniendo cada vez más en el mercado. De allí en adelante, liberales y no liberales podemos coincidir en este punto, comenzó una tensión constante entre Estado y mercado, que aun está lejos de resolverse.
La tensión existe y es cuestión de absoluto presente, se da cuenta de ella desde diferentes cosmovisiones: desde los sectores liberales se rechaza cualquier tipo de intervención en el mercado. Desde los no liberales para reafirmar que sin la acción del Estado los niveles de vida de las clases desfavorecidas seguirían siendo paupérrimos.
Es que como decíamos a partir del nacimiento de las ideologías populares la contradicción entre el discurso liberal o neoliberal y la acción del Estado, preocupado en el bienestar general, ha sido evidente. El liberalismo niega que exista algo llamado bienestar general, sólo reconoce intereses particulares. La igualdad es una preocupación menor para los liberales, sólo la libertad es lo que cuenta. En la universalidad de la ley encuentra la doctrina liberal a la igualdad, recordemos aquella ironía que señala “la ley prohíbe por igual a ricos y pobres dormir debajo de los puentes”.
Pensadores clásicos del liberalismo, como Hayek o Milton Friedman, pretenden una distinción taxativa y evidente entre beneficencia (particular, privada) que es legítima y justicia social (estatal, establecida legislativamente) que es vista como un acto confiscatorio y brutal del Estado. Sostienen que el Estado no debería apropiarse, en ningún caso, de recursos de los particulares. A cualquier legislación protectiva del desfavorecido por el sistema se la ha calificado, cuando no, de “populismo” y de un atropello a la “libertad” de contratación.
Cuando los gobiernos surgidos del voto popular intentaron satisfacer las necesidades básicas de los ciudadanos introduciendo o modificando las leyes de contratación para establecer, por dar sólo un ejemplo, el salario mínimo, vital y móvil, la reacción liberal fue de absoluto rechazo. Para ellos el mercado es el que dispone “eficientemente” del precio del salario, cualquier intervención en este “orden espontáneo” es también “populismo”.
Como ya lo hemos señalado es necesario que nos detengamos en este último término que actúa en el imaginario liberal como argumento para toda ocasión. En la década del 90 en argentina desde los sectores de poder se estableció como la contradicción principal “ajuste versus populismo”. El ajuste era perpetuo e inevitable, eso era realismo económico, cuando las propias condiciones de mercado lo permitieran los salarios y las condiciones de vida de los sectores pobres mejorarían, mientras tanto había que despedir gente de las empresas del Estado, vender activos y cumplir a rajatabla las órdenes de los organismos internacionales de crédito. La receta dogmática se siguió hasta las últimas consecuencias, no está de más decir que el mercado jamás pudo mejorar las condiciones de vida de los trabajadores sino que en realidad los convirtió en desocupados.
Es que debemos tomar los términos de la contradicción y pronunciarnos en este debate decididamente a favor del populismo, en boca de un liberal populismo significa gobernar favoreciendo a la mayoría, y de eso es de lo que se trata para nosotros la política. En nuestra concepción un gobierno electo por el pueblo no sólo puede sino que debe realizar su plan de acción en atención a las aspiraciones de los desfavorecidos. Acude en nuestra ayuda el gran politólogo y filósofo argentino Ernesto Laclau, cuando sostiene que toda política es, en realidad, populismo[7]. Hace así referencia a la solidaridad social que debe implantar un gobierno mediante caminos necesariamente redistributivos.
En nuestro país luego de una década de predominio ideológico liberal parece claro que los sectores más favorecidos tienen una escasa predisposición a pagar impuestos para fines sociales, la única función del Estado que están dispuestos a solventar, vía impuestos o privadamente, es la represiva.
Estado y mercado han estado históricamente en tensión, sin embargo, por citar un ejemplo, en los países escandinavos la disputa se ha resuelto decididamente en favor de la estatalidad. La política produce, en determinadas ocasiones, una decisión opuesta a la “acción espontánea” de los hombres en el mercado. El liberalismo reivindica, dogmáticamente, la “acción espontánea” de los individuos en el mercado. Llegamos al fondo de nuestro planteo, la única política que los liberales están dispuestos a tolerar es, precisamente, la liberal, que jamás tiene en cuenta las necesidades de los desfavorecidos por el sistema.
Sin embargo las ideas liberales, por mucho tiempo antipopulares tuvieron en Menem un difusor carismático que convenció a un número importantísimo de gente.
La revisión que hemos hechos en este capítulo de los postulados centrales del liberalismo tiene el sentido de rescatar el rol del Estado en cuanto único propiciador posible de la justicia social y de niveles de vida aceptables para los desfavorecidos del sistema. Como lo hemos señalado el pensamiento liberal sigue teniendo una presencia fuerte en la opinión pública argentina, algunas de sus máximas figuras no se hacen cargo del menemismo y sostienen que una profundización de las “verdaderas” ideas liberales nos llevará hacia un país mejor. Creemos que el liberalismo llega siempre adonde su ideología se lo permite: si es oposición, a plantear muchas de las críticas aquí expuestas al Estado y a la política, si es gobierno, a una polarización social tremenda que margina a la mayoría y sume a los desfavorecidos del sistema en la más absoluta desesperación.

[1] El Estado se desprendió de gran cantidad de empresas perdiendo de esta manera posibilidades ciertas de intervención, ya no pudo fijar tarifas públicas y mucho menos, como en otras épocas, aumentos generales de salarios. Si a esto agregamos que con la ley de convertibilidad el estado perdió la posibilidad de fijar una política monetaria, vemos como se va conformando un panorama en donde el estado es cada vez menos poderoso y se avizora como menos necesario.
[2] Hoy surgen innecesarias discusiones sobre si alguna vez un peso fue un dólar, si la gente lo creyó o no, y si realmente era en verdad así. Los reclamos de los ahorristas nos eximen de mayores comentarios: para millones de ahorristas, un peso era un dólar, y pretender que no era así es simplemente un acto de soberbia intelectual en donde un supuesto esclarecido se burla de millones de ingenuos.

[3] Hacemos referencia al movimiento piquetero concebido como instancia de nucleamiento de la oposición política. Las resistencias locales al programa político del menemismo habían comenzado mucho antes. En 1991, por ejemplo, fue notable la movilización y la resistencia contra el cierre Hyspasam en la provincia de Santa Cruz.
[4] Entre comillas en el original.
[5] Extraído de “Ideas sobre la libertad” revista. Número 36 de septiembre de 1976. Artículo “Apuntes sobre el poder legislativo” por Alberto Benegas Lynch (h.) Pág.13
[6] Tiene un tinte dramático que el articulista adhiera fervorosamente a la separación oriente-occidente en 1976, tal visión del conflicto fue la que justificó el asesinato de miles de argentinos por considerarlos representantes de “oriente”. Los militares genocidas se sentían avalados teóricamente por pensamientos como los de Benegas, y parece obvio que aquellos “irresponsables” que “no entienden” lo que es, verdaderamente, la democracia, deben ser puestos fuera de circulación.
[7] Nota publicada en el diario Clarín 11/2/02.

sábado, marzo 28

Sobre la clase media

Algunas características específicas y reflexiones sobre los sectores medios

Desde el conflicto campo-gobierno se puede verificar un renovado interés por estudiar, definir o polemizar sobre los “sectores medios urbanos”, tanto analistas de opinión como políticos opositores sostienen que en ese sector social el gobierno habría perdido buena parte de su electorado de apoyo quedándose sólo con el voto clientelar. Otros analistas afirman que incluso la misma elección que consagro a Cristina Kirchenr ya mostraba en forma incipiente lo que comentamos. A este panorama, difícil para cualquier gobierno, se le debería agregar que también los sectores medios rurales han deplorado la política gubernamental, precisamente, a partir del conflicto por la circular 125.
El gobierno por lo tanto parecería no tener una política de acercamiento a los sectores medios y esto estaría minando aceleradamente su legitimidad. La clase media se estaría convirtiendo entonces en el actor central de la política argentina, tanto así que, alguna de las propuestas de los partidos de la oposición más importantes postulan que es deseable y factible “una argentina de clase media”. Podríamos utilizar una imagen –que sirve sólo en tanto imagen -, y sostener que buena parte de lo que llamamos clase media se dio cita en la impresionante movilización al monumento a los españoles convocada por la mesa de enlace. Se torna más que justificado entonces intentar establecer algunos elementos de análisis comunes y encontrar un marco definicional adecuado respecto de la clase media que ha producido la movilización “espontánea”[1] más grande de los últimos 20 años.
Para comenzar a reflexionar sobre el tema pongo a disposición del lector un interesante, aunque extenso, arsenal definicional que en los años 70 creó el historiador norteamericano Arno Mayer[2] para definir a la clase media baja, pero que podría ampliar su esfera de aplicación: 1) Que se ganan la vida por medio de un trabajo que no es preeminentemente actividad manual que requiera el constante ejercicio físico y que exija un mínimo de alfabetización. 2) que por cualquier criterio objetivo (de ingreso, riqueza, educación, residencia, etc.) no sea de clase alta ni baja. 3) que tengan una especial conciencia propia de no pertenecer ni a la una ni a la otra porque aspiran a ascender. 4) que estén inclinados a ser muy individualistas en sus intentos de movilidad social. 5) que consideren sacrosanta la propiedad privada. 6) que sean muy susceptibles a la opción conjunta y también al patrocinio personal. 7) que se inclinen a proteger y mejorar las esperanzas de vida de sus hijos. 8) que en casos extremos y particularmente en situaciones de tensión, tengan más temor a hundirse o a regresar a ocupaciones poco honorables [3] , o a las labores manuales, que ambición de acender a la clase media (absoluta en el original) alta y 9) que se unen para emprender una acción política conjunta solamente en momentos de peligro grave.
Más adelante tomaremos alguno de estos elementos conceptuales para analizarlos y utilizarlos si fueran correctos, pero quiero seguir con la búsqueda de definiciones sobre la clase media, dejando claro que tal enumeración es absolutamente arbitraria, están aquí simplemente porque les encuentro algún potencial.
Requiero opiniones sobre estos elementos que definirían a la clase media. El texto continuará.

[1] La polemicidad de los términos políticos se demuestra una vez más cuando los medios de comunicación contraponen la “espontaneidad” de los asistentes a los actos del campo con el “aparato” que prededominaría en los actos del gobierno.
[2] De “Los humanistas y la política”, Michael Mooney y Florian Sturber compiladores, artículo de Arno Mayer “La clase media baja como problema histórico”, pág 239. Fondo de cultura económica, México 1984.
[3] La cursiva es mía, normal en el original.

El pasado y la verdad

Recomiendo leer lo que sigue con espíritu tranquilo y opinar con piedad y cuidado
Planteo y algunos testimonios

Plan
General Ibérico Saint Jean, advirtió con franqueza (aunque después se desdijo): "Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, en seguida a aquellos que permanezcan indiferentes, y finalmente mataremos a los tímidos''.


La situación política de la Argentina entre 1973 y 1976 constituyó un periodo marcado por la excepcionalidad. Sólo a la luz de la experiencia de más de 20 años de democracia podemos arribar a esta conclusión. El tedio, el fastidio y las más que moderadas expectativas con las que hoy concurrimos a los actos comiciales nos pueden ofrecer una certera comparación con lo que, por elegir sólo un hecho, en aquellos tiempos era factible: la posibilidad de movilizar a dos millones de personas para recibir a un líder político que regresaba del exilio. Jóvenes de los sectores patricios, también de la clase alta y medio alta descubrían con interés político solidario la existencia de cientos de miles de postergados; terminar con la pobreza y la explotación se tornaba una tarea urgente para toda una generación. Los jóvenes que hoy ocupan las mismas posiciones en la estructura social que aquellos jóvenes de los 60 están preocupados, como señala agudamente Lipovetsky, por la “calidad total sobre sí mismos”, gimnasios, camas solares, consumo, viajes, etc., no practican la solidaridad universal, es decir la solidaridad política, y en general, terminar con la pobreza y la explotación ya no es una tarea generacional. Si lo es defenderse del posible ataque de alguno de los millones de postergados, esa sería una única coincidencia generacional. Una cuestión interesante sería preguntarse: ¿cuál es la norma y cuál la excepción en el capitalismo? , la solidaridad interclases setentista o el individualismo consumista noventoso. Sin que implique un juicio de valor o una afinidad electiva de parte mía está claro que la preocupación por los pobres constituyó la excepción y la “calidad total sobre sí mismo” es la regla.

Construí este archivo con la intención de reflexionar sobre ética práctica, por un lado, y ,por otro, para que pensemos hasta dónde es conveniente seguir con el “show de la verdad”. Respecto de la ética práctica baste recordar que los dilemas teóricos en general plantean opciones binarias entre la maldad y la bondad tomadas en forma absoluta, esto es: el soldado debe elegir entre ser un héroe o un cobarde, no se le plantean cuestiones más complejas como qué tipo de cobarde es más perjudicial, o si el heroísmo es, verdaderamente, la mejor solución. Villani ya no era un héroe en el sentido clásico y, digamos, superficialmente, se había dejado agarrar y además colaboraba, de alguna manera, con ellos. En su conciencia debió pensar “hago tareas internas de arreglo, eso es mejor que salir a marcar compañeros como tal....o peor, aquella que ahora hace el amor con el que la torturó”. El tema central es entender que allí adentro muere la ética como la conocemos o imaginamos. No hay regla que pueda ser aplicada en una situación excepcional, dice Schmitt y tiene razón (ver Teología Política). El campo de concentración destruye la normalidad y por así decirlo construye una normalidad distinta, una nueva normatividad imposible de entender con los parámetros, digamos para aclararlo luego profundamente, de paz. Si esto se acepta entonces la actuación de Villani es ética práctica, buscar el mal menor ya que no se puede evitar el mal absoluto.
También en el film “La lista de Schinler” ocurre algo así: el Kapo del campo de concentración se ensaña con una joven judía, Schinler le da como consejo práctico que detecte su forma de actuar, sus reglas ,y en ellas se escude, pero la joven le responde algo valioso para nuestra reflexión: no hay reglas. Se busca la destrucción y la humillación del prisionero, él quisiera ser digno y ese es su desafío, el del torturador destruir, tomando la figura bíblica, más que el cuerpo, el alma, el espíritu de rebelión es lo que el torturador quiere asesinar . Dice Gramsci citando al General De Cesaris que ganar la guerra no es matar a todos los soldados del enemigo sino “disolverlos en su vínculo como unidad de combate organizada”, esto fue lo que se llevó adelante; es allí es donde los “quebrados” cumplieron un papel fundamental.
Respecto al “show de la verdad”, Caparróz y Bonasso abrieron la caja de Pandora queriendo premiar a unos y castigar a otros. Corremos el riesgo de destruir la primera formulación del problema de la dictadura, si dejamos de lado el que “eran compañeros idealistas que realizaban trabajo social o político y por eso fueron muertos”, para entrar en el “eran compañeros, algunos santos otros réprobos absolutos, de un ejercito que se opuso a otro y perdió” que es lo que se desprende del reportaje a Firmenich, o de la carta de Martín Grass. Perdemos legitimidad , la década del setenta se vuelve problemáticamente reivindicable y pierde su unidad de reclamo, ¿ese es el precio que estamos dispuestos a pagar por “la verdad”? En mi caso no creo en la verdad aplicada a la política, ¿qué es la verdad? le preguntó al profeta (Jesus) al político (Poncio Pilato) en el pasado, sigo creyendo en que la verdad no siempre es buena y sólo existe en las matemáticas. El show de la miseria no le sirve a nadie salvo al sector militar que como verán coincide en mucho con Firmenich ( esta coincidencia es en lo militar en general, no abono de ninguna manera a la teoría de Firmenich traidor o servicio), los milicos se muestran encantados con darle prensa a las acusaciones entre ex militantes. Ustedes eligen, y vale la anterior definición de ética práctica: en la realidad los valores y los humanos que los portan no son absolutos, podríamos llamarle el efecto Villani contra el “juicio popular estricto” que significaba la muerte de un compañero por parte de la orga al no haberse comportado como se esperaba de él.

Algunos Argumentos a debatir:
1) El de Pilar Caldeiro: llamémosle, para los que estamos afuera, embarullado, es decir, "todos los que estuvimos adentro fuimos todo a la vez, héroes y traidores, quebrados y derechos", “todo el que pasó por ahí debe cobrar” dice Pilar, pregunto, ¿hasta el mono Moncalvillo, Nilda Folch, Borsalino, el Loco Lauletta o Zárate de Privitera? La realidad ya superó mi planteo teórico, se presentó en Tucumán, una tal Aguad, más conocida como Piturra, a cobrar y… ¡ quedó presa por torturadora de sus compañeros ¡
2) En la ESMA, donde hasta ahora no constan denuncias de presos represores, sólo distintos grados de buchonidad, pero cómo se mide la importancia de la colaboración, son Lauletta o Borsalino los únicos malos, no diríamos que así como Villani arreglo la picana, los médicos que se pasaban al otro lado, al controlarla sus compañeros en la tortura, hacían mejor la vida del prisionero? (ver testimonio en los Juicios por la Verdad, en donde esa es la opinión de un detenido-desapaarecido)
3) Las políticas aplicadas fueron para cada fuerza distintas, e incluso en los distintos chupaderos-campos, ¿a qué respondía esto? La Plata: perejiles, La Perla, todos, La ESMA , todos y que sobrevivieran los notables. ¿Por qué?
4) ¿Por qué quedarse? Los compañeros no se querían ir, (caso testigo el hijo del artista plástico león Ferrari)hay muchos testimonios, los que se fueron, ¿lo hicieron por tener menos compromiso y más miedo?
5) Autonomía operativa. Cuenta Chiqui Falcone en la película de Di Tella que cada célula hacía lo que quería y luego comunicaba, ¿no se cae así la maniquea versión de “chicos engañados por Firmenich y Santucho”?. Pero ahora queda también la cuestión de si ese mismo no fue el error, es decir la excesiva autonomía , esto que se verifica en los errores cometidos en el atentado a Cáceres Monié.
6) ¿La delación fue la causante de la gran derrota, que es lo que parece decir Firmenich? Observemos que en todos los casos elegidos que pretenden ser representativos, siempre hay un grado de delación, y también de colaboración. Los límites siempre son el marcaje, ser un dedo veloz, o directamente el pasarse al bando contrario, he allí el difícil asunto de las parejas que se formaron entre mujeres militante y milicos represores. Aquí sólo hablamos de los casos de Barbarella y Lucy pero fueron muchos más.
7) ¿La evolución o el reacomodamiento de los argumentos es buena?, sirve que Emilse Moler diga ahora que no era por el boleto estudiantil o que se hagan diferencias entre ERP y Montoneros por sus actitudes y respecto de la consideración entre las fuerzas armadas? Sirve enterarse como en el caso de Aguad que muchos fueron delatores y torturadores de sus compañeros? ¿ Por qué tanto cambio entre el juicio a las juntas y el juicio de la verdad? ¿Por qué Daleo en el juicio a las juntas dice que no es montonera y luego participa de una película en donde es obvio que lo era?


Caso Villani
Villani “Me secuestraron el 18 de noviembre de 1977, en plena dictadura. Un año antes había caído uno de mis mejores amigos, el físico Antonio Misetich. Aquel mismo día presenté mi dimisión de la CNEA. Claro, lo que tenía que haber hecho es irme del país. Me puse a trabajar de cualquier cosa. Hasta que me secuestraron. Sospechaban que andaba cerca del peronismo y podía ser montonero. La persona que me delató era la pareja de un montonero. La deducción no era difícil. Pero no sabían qué preguntarme porque ignoraban cuál era mi compromiso. Siguieron sin saberlo.
Mario Villani, físico, fue secuestrado en 1977. En marzo de 1979 lo trasladan a Esma. Allí fue “X96”. Fue obligado a reparar una avería en una picana, un generador de tensión de 12.000 voltios y baja corriente que era utilizado para aplicar descargas a los detenidos. Se negó. Se negó hasta que comprobó, según relató después a Francesco Relea, de la revista del diario español “El País”, que los torturadores empezaron a usar otro aparato sin limitación de corriente; un aparato mortal. Pero los torturadores no sólo usaban picana. Ricardo Miguel Cavallo, ángel rubio como Astiz, “era cordial”. Obligó a mujeres “liberadas” como Ana Testa, quien antes fue secuestrada y torturada en Esma, a compartir la vida con él. La invadió. Dormía en su casa. Comía en su mesa. Nadaba en su pileta. Pasó un fin de año junto a la familia de la sobreviviente. (Pilco: Se puede ver en el Film “Montoneros, una historia” de Andrés Di Tella).

Texto de Claudio MartinuK
Dice , Jorgelina R, –y perturba lo dicho- de su compañera Norma Arrostito: “Ella estaba siempre alegre, era un sol, los guardias la querían, todo el mundo la quería, no sé si también Chamorro, que la iba a visitar todos los días para convencerla o para mostrarla como trofeo a las otras fuerzas. Cuando se despertaba tomaba mate y cantaba y antes de un año la mataron/ yo la vi. morir/ fue la única persona que vi morir en mi vida...” ¡Qué difícil resulta avanzar en la comprensión de este párrafo! Difícil y doloroso. ¿Cómo ser un sol estando recluido en un campo? ¿Cómo cantar ¿(Pilco: no eligió Martinuk la mejor palabra) ¿Cómo estar alegre? Son inmensas las dificultades que tenemos para comprender la ceremonia del mate compartida por torturados y torturadores. R. relata la densidad de la humanidad, las fronteras de la especie humana, la capacidad de vivir en el límite. Sigue. Se pregunta por qué sobrevivió.

A mí me daba pena ese bobito de suboficial o más bien parecía conscripto que se deslumbró conmigo y creyó que como era su prisionera iba a poder violarme/ claro que pudo pero después Chamorro lo mandó castigado al sur y los compañeros de él me odiaban/ no me llevaban al baño cuando yo los llamaba tardaban años en venir alguna vez no me dieron comida (...) para entonces Chamorro ya había condenado a ese guardia porque tenía que demostrarme a mí y ellos que no eran violadores o al menos había que hacerlo con cierta clase/ pero que definitivamente no era una prerrogativa de un guardia o mejor dicho de un suboficial( Pilco: tanto Calveiro como Jorgelina lo afirman en la ESMA no hubo violaciones generalizadas, en la línea del camino de cintura, El Banco, Atila, Arana, Reg. De la Plata, todos eran violados) que tenía que comprender que en el rango estaban primero el director de la ESMA, luego todos los oficiales, después nosotros y por último ellos, era una cuestión de obediencia debida/ no es cierto que los oficiales la tuvieran porque ellos eran absolutamente voluntarios, todos y cada uno de ellos afirmaban eso/ además se sentían orgullosos de tener unos prisioneros de nuestra calidad humana, cultural, política, valentía, dignidad y todo eso que ellos no estaban muy seguros de tener, quiero decir que en realidad nos admiraban/ lo de mi denuncia de violación seguro que le pareció bien a Chamorro, porque era como si él compartiera esos valores al menos en cierto sentido/ un sentido muy formal porque él no lo hizo o al menos eso creo/ no sé si supo que los oficiales sí podían hacerlo...
Pilco: J. había tomado la ideología del cuartel, y/o la ideología también del ejército montonero, es decir, un ejército donde lo que importa es no ser el último orejón del tarro, un soldado, un tagarna, un perejil. Esto deberíamos relacionarlo con la selección hecha en la ESMA con el propósito evidente de quebrar a los reclutas que observaban a sus oficiales “quebrados” colaborando.
También es interesante señalar la coincidencia casi general en las supuestas condiciones excepcionales de los integrantes de esa generación: los padres de los desaparecidos, ellos mismos y los sobrevivientes, todos ellos coinciden en su absoluta especialidad. Obviamente también los milicos lo creyeron y así actuaron, como dice el Pepe, los tomaron en serio.

La represión en Rosario por uno de los torturados (Diario de Rosario reproducido por Página 12)
Testimonio de José Aloisio
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"Nilda Folch era militante de la UES (Unión de Estudiantes Secundarios) y fue detenida a principio del 77 junto a su marido Ricardo Chomicki alias Cady. Los dos fueron colaboradores de los Servicios de Informaciones de Rosario. Ninguno de ellos fue torturado (Pilco: ¿ya eran servicios o eran tan débiles que , como se dice vulgarmente le pegaron una para que hablen y veinte para que se callen?), pasaron directamente a colaborar, salían y marcaban gente en la calle, como a sus compañeros del Superior de Comercio y participaban de las torturas (Pilco: esto parece injustificable, es el verdadero límite, no?) dentro del Servicio. Los dos cuentan con abundante información como para poder saber qué pasó con gente que estuvo detenida en El Pozo desde en el año 77". (Pilco: Otra vez el problema. Esta gente despreciable va a reclamar su indemnización y pueden quedar detenidos por torturadores, no quiero ni pensar en careos entre acusadores y acusados donde todos terminen siendo colaboradores y entregadores de sus compañeros por igual.)
Con esta contundencia relató el ex detenido José Aloisio, el perfil de Nilda Folch, alias la Polaca, la única mujer presa en el marco de la Causa Feced, por haber participado de hechos de secuestros y torturas entre otros el de sus ex compañeros del Superior de Comercio. La escuela rosarina que exhibe el triste récord de tener entre sus estudiantes las mayor cantidad de muertos y desaparecidos.
Pilco: de esto se trata, en todas las páginas filo militares y militares ellos se regodean en que muchos militantes, muchos de ellos de alta graduación en la jerarquía como el “Caín” Lauletta, delataron sin que se les pegara un golpe. Otro grado de complejidad lo marca el caso, también repetido, de los militantes como estos de Rosario, o los de Córdoba (Dora Zárate de Privitera, Fermín de los Santos), o de la Plata (el Mono Moncalvillo) que directamente pasaron a torturar. Estos dos casos no deberían darse a conocer, no sirven alejan a las nuevas generaciones de la problemática de la historia de los 70.
"A los dos habría que preguntarle sobre Rodolfo Segarra y otros chicos de la UES que fueron detenidos a principios del 77, llevados al Servicio de Informaciones y luego aparecieron muertos en Ibarlucea en uno de los tantos 'enfrentamientos', en un terreno ubicado sobre la prolongación de calle Baigorria pasando Nuevo Alberdi", dice Aloisio. Y agrega que "los dos se quebraron ni bien fueron detenidos, a pesar de que ambos eran personas fuertes con una estructura física bastante grande, y eran dos militantes de los más militaristas que había ( Pilco, parece que el militarismo no era una muestra de compromiso sino de irresponsabilidad) ".
José Aloisio pasó por el Servicio de Informaciones en setiembre de 1976 cuando fue detenido, y luego por las cárceles de Coronda, Caseros y La Plata. Rosario/12 lo contactó para saber la historia de Folch y Chomiki que aún sigue prófugo.
-¿En qué operativos participaron?
-En enero del 77 participaron de la entrega de la casa de los Bettanín en barrio Gráfico, porque ellos eran compañeros en la estructura militar de Montoneros -dice el Gringo Aloisio, quien refiere que- Chomicki y Folch, tuvieron tal grado de participación y de unión con los servicios que se casaron y pusieron de padrino a Agustín Feced. Cuando dejaron de participar en los servicios de Rosario le dan la guita suficiente como para irse a vivir a Mar del Plata donde estuvieron viviendo hasta principio del 84, donde tuvieron una farmacia".
-¿A Folch o a Chomicki los volvió a ver?
-En enero de 2003 y en enero de 2004 la encontré a Folch tomando sol en la Rambla Catalunya. Estaba con su hijo y la insulté recordándole lo asesina y lo hija de mil puta que fue con sus compañeros del Superior de Comercio, que fue la escuela que más desaparecidos y muertos tuvo en Rosario.
-¿A Chomicki lo vio alguna vez?
-No, pero por comentarios sé que estaba viviendo en la zona sur de Rosario donde esta el Club de rugby Duendes, en Ovidio Lagos y Circunvalación. Lo que sé fehacientemente porque me lo contaron sus ex compañeros de militancia es que les pidió trabajo, y por supuesto lo sacaron corriendo. ( Pilco: vamos a ver el mismo problema con el caso de “Barbarella” que reclama su dinero como compensación por haber estado en la ESMA, tema similar a la pensión que cobran los ex combatientes de Malvinas que favorece a soldados y a suboficiales y oficiales que les pegaron y hasta torturaron, ¿que es lo que se compensa? ¿Sólo la estadía?, ¿cualquier estadía?)
-¿Cuando se habla de colaboradores de la patota de Feced, concretamente qué actitud tuvieron?
-Hay que diferenciar a algunos compañeros que cuando cayeron detenidos pudieron cantar algún nombre quebrados por la tortura ( Pilco: He aquí el problema práctico, cantaron sólo a algunos, pero no marcaron ni torturaron ¿ese es el límite? La mayoría de los sobrevivientes de la ESMA parece decir Caparróz cantó pero no marcó, ¿deberían cobrar? ¿Habría que denunciarlos como participes necesarios de las desapariciones? Como no se conoce el código ético de las orgas es difícil juzgar. Si la orden era aguantar un día y luego largar para darle tiempo al cantado a escapar es una cosa, si la orden era más estricta entonces la cuestión se complica. Parece paradójico pero la única forma de establecer un criterio es conocer el criterio de las propias organizaciones, ¿cuánto aguantar? es la pregunta, porque cantar, cantaron todos), pero otro caso muy distinto es el de esta gente: que no solo apuntaban compañeros sino que iban a buscarlos, participaban de las torturas y hasta de su muerte. Y tanto Chomicki como Folch, salían a buscar gente a la calle por el simple hecho de que hubiese militado alguna vez, no importaba que estuviera activa. Sin dudas la Polaca y el Cady fueron los dos colaboradores más activos de la patota en Rosario. Y los dos más hijos de puta.
El listado de colaboradores activos del Servicio de Informaciones no cierra en Chomicki y Folch. El Gringo Aloisio lo amplia, con otros nombres: como el de "Carlos Brunato alias Tu Sam, porque se hacia el mago", según aclaró. "Vivía en Gorriti y Bahia Blanca y estudió conmigo en el Nacional Nº 2, hasta que lo detuvieron y comenzó a colaborar activamente con los servicios de Rosario, participando de torturas, y de la detenciones de quienes conocía. Como fue en mi caso, ya que él era uno de los pocos que conocía mi domicilio, en el que no dormía desde hace 3 o 4 meses y la primer noche que fui me cayeron encima. Brunato vino junto a Lo Fiego y Marcote, y el resto de la banda".
Cuando habla de Brunato o Tu Sam, el Gringo recuerda a sus compañeros del Nacional Nº 2 como "el Toni Farías que esta desaparecido en enero de 77".
Aloisio agrega en su listado a José Baravalle, conocido como el Pollo, pero su opinión va a contrapelo de la imagen de la mayor parte de los militantes de esa época. "El Pollo se quebró pero no estuvo marcando gente en la calle, ni participando de torturas. Esto puede sonar contradictorio con lo que en algún momento pude haber dicho en el 84, pero la verdad es que con el paso del tiempo continué investigando averiguando y tengo que decir que estuve equivocado".
Graciela Porta alias la Corcho,"era marcadora de calle, y lo que sé es que participaba en las torturas pero con las mujeres".
Otro de los colaboradores era "el Mancha Tartaglia, que se llamaba Carlos o Hugo, y que tenían ese apodo porque tenían una mancha en la frente, que después se operó. El Mancha era marcador en la calle y torturador adentro en el Servicio".
El diariero. Otro de los quebrados que mostró una gran adhesión tras su paso a las filas parapoliciales fue "Egdardo Tolosa, alias el Dodo, que hoy tiene un kiosko de diarios en Córdoba y Buenos Aires, donde está el Correo. El Dodo es el que hace el reparto de diarios en el Palacio de los Leones y en el edificio de la Aduana, es decir a una gran parte de la administración municipal".
Aloisio se indigna con Tolosa, y advierte que "ese señor que aparenta tener como cincuenta y pico de años, es medio pelado, canoso, medio jorobado caminando, de bigotes fue una colaborador, torturador y represor de la ciudad de Rosario". Y cuenta sobre él que "era militante de la UES y uno de los que entregó gente del Superior de Comercio". Según revela el Gringo Aloisio, se encontró con él en el tercer piso de la ex Aduana, y no pudo contener su bronca. "Empecé a putearlo, porque no daba más de la bronca. Y la verdad desde ese día cada vez que paso por el kiosko de diarios le pego un par de patadas, esté abierto o esté cerrado".
Según recuerda "el Dodo era el tipo de gente que antes que le levantaran la mano empezaban a cantar. Era un tipo de carácter muy débil". Aloisio asegura que si bien no tiene constancia de que Tolosa haya participado de torturas, "él sabe todo lo que pasaba en el Servicio, porque andaba por todos lados, sin vendas ni nada que le impidiera ver y saber. Por eso su testimonio es de vital importancia en el esclarecimiento de las muertes y el destino de muchos compañeros".
Pero no solo él, sino todos los nombres en esta nota tienen singular importancia en la investigación del destino de decenas de militantes asesinados y desaparecidos. Tienen que contar que es lo que vieron, la justicia tiene que preguntarle que es lo que vieron. Tienen que preguntarle por los que quedamos vivos y por otros tantos que no sabemos donde están.
Tengo 60 hojas más de informe y debate, de a poco las iré publicando.